Foto: Lydia Molina
Un infinito de números y porcentajes amargos nos han abofeteado intentando despertarnos de la anestesia y adentrarnos en "ese" silencio tan incómodo en el que no se encuentran palabras hasta que alguien lo rompe para ejercer su derecho al pataleo mientras el resto balancea la cabeza.
Tras la clausura de las charlas estuve unas horas (¿de verdad fueron...horas?) con Jesús, un misionero comboniano que ha pasado 15 años en Chad, uno de los países más pobres del mundo y productor de 170.000 barriles de petróleo diariamente.
Jesús describía sólidas instalaciones junto a chabolas que, con mucha suerte y en el mejor de los casos, disfrutan de dos horas de electricidad al día. Sus ojos revelaban el hastío de una población cansada ver retroceder la historia y volver a construir sus casas dos veces por año tras los fallidos intentos de golpe del estado.
Las cifras no suenan igual en las bocas de aquellos que dedican la vida a golpearse contra ellas. El 10 por ciento de la población chadiana infectada por sida, Jesús lo traducía en sillas vacías, en rostros de chicas jóvenes de menos de 20 años que mueren por una enfermedad que les llega en forma de prostitución o violaciones.
Su espíritu trasgresor me recordaba a la persona que me ha enseñado a darle sentido a la lucha y la revolución, tan aparentemente devaluadas y decadentes hoy: Carmen.
1 comentario:
"Las cifras no suenan igual en las bocas de aquellos que dedican la vida a golpearse contra ellas". Por eso me encanta que exista este blog, y compartir vida contigo. Gracias. :)
Publicar un comentario